La protección contra incendios de un edificio trabaja en dos capas. Una está en la propia construcción y actúa siempre. La otra entra en juego cuando aparece el fuego. Entender cómo se complementan ayuda a tomar mejores decisiones desde el proyecto.

La protección pasiva: la que está en la estructura
Son los elementos constructivos que evitan la propagación del fuego y el colapso del edificio sin requerir una acción inicial: muros con resistencia al fuego (por ejemplo, F60 o F120), sectorización, vÃas de evacuación, señalética y control de humos.
Está siempre presente. Su función es contener el fuego dentro de un sector y sostener la evacuación.
La protección activa: la que detecta, controla y extingue
Son los sistemas diseñados para detectar, controlar o extinguir el fuego mediante una acción manual o automática.
Detección y alarma. Detectores de humo, de temperatura y de gases, que permiten una detección temprana y dan la señal de alarma. Su norma de referencia es la NFPA 72.
Extinción. Redes de hidrantes, rociadores automáticos y salas de bombas estacionarias.
Una capa complementa a la otra
Cada capa cumple un rol distinto. La pasiva contiene el fuego y protege las vÃas de escape. La activa lo detecta y lo combate. Pensadas juntas, cada una potencia a la otra.
Por qué conviene definirlas desde el proyecto
Prever la protección contra incendios desde la ingenierÃa básica evita los sobrecostos del reacondicionamiento: adecuaciones posteriores en la estructura, pases de cañerÃas o espacios para salas de máquinas y tanques que no estaban previstos.
En JBG asesoramos, proyectamos, proveemos y ejecutamos redes contra incendios para que cada obra integre su protección desde el inicio.
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